Guardería KILIKOLO en Amara, Educación infantil, Donostia-San Sebastián

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juega, disfruta y aprende con ellos
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Guardería KILIKOLO os recomienda algunas canciones y materiales que consideramos pueden resultaros interesantes para disfrutar, jugar y aprender con vuestros niñ@s.

canta con ellos sus canciones favoritas

El canto en edad preescolar es la mejor herramienta para el desarrollo. En el area física, mental y social. Así lo certifica un estudio de la Universidad de Munster (Alemania) realizado en 500 guarderías.

El 88% de los niños que cantaban frecuentemente estaban mejor preparados para la escolarización. Entre las virtudes del canto están el refuerzo de la memoria, la estimulación de la imaginación y la mejora de la conducta social.

colicos

Los cólicos pueden ser algo que nos desespere, pero nadie lo pasa peor que nuestro pequeño.

Existen truquitos que dicen funcionan muy bien, uno de ellos, seria colocar a tu bebe sobre tu brazo, boca abajo, dejando un poco libre el estomago de tu bebe y sujetándolo con firmeza para que se sienta seguro, encendemos el secador y se lo ponemos a una cierta distancia, con cuidado de no quemarle, el calor seco de este, calmara rápidamente a nuestro bebe y su terrible dolorcito.

Otro remedio seria encontrar alguna farmacia ó parafarmacia que venda animalitos de calor, son unos muñequitos que se calientan en el microondas y que intentar dar ese calor tan necesario para nuestro bebe.

manotazos

Para un educador o educadora de Primer Ciclo de Educación Infantil, una de las tareas más ingratas es la de explicar al padre, a la madre o a los abuelos que el niño o niña ha mordido o ha recibido un mordisco de otro compañero o compañera.

En el primer caso, la familia suele pensar en lo dulce y cariñoso que es su pequeño o pequeña, y empiezan a considerar que el relacionarse con iguales en el Centro puede significar una mala influencia para él o ella.

En el segundo supuesto, los familiares pueden llegar a pensar que la educadora tal vez no haya cumplido correctamente con su trabajo y, al no controlar a los niños y niñas, se susciten actos violentos entre ellos. Empiezan a creer que, tal vez, hubiera sido mejor escolarizar más tarde a su hijo o hija.

Las preocupaciones en los dos casos son lógicas, pero no son correctas, vamos a explicar el por qué:

Hasta el momento de su escolarización, el niño o la niña ha tenido un contacto con iguales limitado a unos ratitos en el parque, con primos o primas en reuniones familiares o con los hijos de algunos conocidos. En estas ocasiones esporádicas siempre había adultos que dirigían los contactos.

La verdadera relación social diaria con iguales ha comenzado con el momento de su escolarización. Acostumbrado a ser el centro de atención de su entorno, el pequeño o pequeña no sabe compartir la atención de la educadora y la posesión de juguetes, y es lógico que desarrolle comportamientos más agresivos que en el entorno familiar porque allí no debe competir con otros niños y niñas por juguetes y atenciones.

Vuestro hijo o hija, como los demás, desea ser el "centro de todo" pero también desea relacionarse con iguales, por ello se suscitan conflictos de comunicación.

Durante el primer año y medio aproximadamente, ante cualquier conflicto, el pequeño o pequeña llora para que el adulto lo resuelva.

En este período de edad hay niños y niñas que muerden para aliviar las molestias de la dentición y en ocasiones para manifestar afecto porque se encuentran en la fase oral, y la boca está relacionada con las muestras de cariño. Desconocen que el hecho de morder tenga consecuencias negativas hasta que los adultos se lo hacen entender.
En el caso de los manotazos y empujones habitualmente los reproducen por imitación, al haberlo observado en otros niños o niñas o en los adultos.

En esta edad hay que explicarles que los mordiscos y manotazos hacen daño, mostrando gestos de disgusto, y enseñarles el modo de dar besos y abrazos como muestra de afecto.

A medida que los niños y niñas evolucionan en independencia, intentan resolver los conflictos relacionales solos. Sin embargo, su nivel de lenguaje aún es limitado y, cuando otros nños o niñas les quitan los juguetes, suelen reaccionar de manera impulsiva y "violenta", bien tirando del objeto o "vengándose" con un manotazo, un empujón, un arañazo o un mordisco. La forma descrita es la reacción más habital en niños y niñas entre 18 meses y 3 años, aunque en algunos casos la reacción es de pedir ayuda al adulto o ignorar el problema y dejarse quitar el juguete.

Estas formas agresivas de relacionarse van desapareciendo al superar la etapa egocéntrica y con la evolución del lenguaje, porque el niño o la niña podrá manifestar verbalmente los sentimientos y emociones.

Hasta el momento hemos explicado los motivos que llevan al niño o niña menos de 3 años a empujar, pegar, arañar o morder. Comprendemos por qué lo hace pero eso no significa que permitamos o fomentemos este tipo de conductas.

Los adultos, en el ámbito familiar y en el escolar, debemos hacer comprender al pequeño o pequeña que su acción provoca dolor a los demás y mostrarle el modo correcto de relacionarse con iguales y resolver los problemas.

Excepto en el caso de que estemos seguros de que la motivación de la conducta está provocada por el deseo de obtener atención, le haremos saber que nos disgusta el que haga daño a otro niño o niña, obligándole a pedir perdón y darle un beso. Si la conducta se repite constantemente le pediremos que se siente separado de los demás para pensar un rato en lo que ha hecho. No hace falta gritar ni hacer aspavientos, se trata de que asocie su conducta negativa con el cese de actividad y de que se aburra por un rato viendo que el resto de niños y niñas siguen jugando.

Está desaconsejado totalmente el azote, pegarle en la boca, castigarle en un cuarto cerrado, emitir juicios de valor personal, etc. Si el niño o niña observa agresividad en los adultos imitará estas conductas, además no hay que olvidar que el objetivo es corregir su comportamiento, no hacerle pasar un mal rato.

La mejor forma de evitar estas conductas agresivas es prevenir. Los padres y las madres afectivos que exteriorizan los sentimientos y emociones propias y ayudan a que sus hijos e hijas observen y comprendan los sentimientos de los demás, indicándoles la forma correcta de resolver conflictos, les están ofreciendo la mejor base para una educación en valores y relaciones humanas.

Debemos mostrar a los niños y niñas como relacionarse con iguales jugando y compartiendo, y felicitarles siempre que tengan una conducta positiva con los demás.

En el grupo de 1 y 2 años, se ha generalizado la conducta de morder en algunos niños y niñas. Estamos seguras que, como en otras ocasiones, desaparecerán en breve. Comprendemos que a ninguno de vosotros os agrada que el niño o niña salga con un mordisco del Centro, nosotras somos las primeras en lamentarlo, pero tened la completa seguridad de que la educadora, como buena profesional, está pendiente de cada uno de los niños y niñas de su grupo y no pueden evitar que, en unos segundos y sin mediar conflicto en los pequeños uno pueda morder a otro. El grupo de 1 a 2 años lo integran niños y niñas que en el 90 por ciento han estado juntos desde los cuatro meses de edad y nunca se ha suscitado conductas de este tipo, por ello estamos seguras de que los mordiscos son un aspecto relacional que pronto desaparecerá.

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